Vista del yacimiento de Veranes en la década de los setenta.

BREVE HISTORIA DE LAS INVESTIGACIONES

No poseemos fuentes romanas que nos aporten información sobre el yacimiento de Veranes y la única referencia medieval es parca y oscura. Dicha referencia aparece recogida en el Liber Testamentorum, depositado en el Archivo de la Catedral de Oviedo y creación del Obispo Don Pelayo en el primer cuarto del siglo XII, lo que confirma el funcionamiento de la Iglesia de Veranes en el año 1100, sin que podamos afirmar su existencia como lugar de culto con anterioridad.  

A partir de este momento y hasta inicios del siglo XX, existe un silencio en las fuentes escritas que se corresponde con un vacío historiográfico sobre las ruinas de Veranes, siempre visibles en el paisaje de una vía de comunicación de enorme tránsito. En estos años de inicio de la centuria, el cura párroco de la Abadía de San Juan de Cenero, M. Valdés Gutiérrez, aficionado a la Arqueología, revaloriza social y científicamente el yacimiento con una serie de publicaciones y actuaciones sobre los restos arqueológicos. A él se debe el primer plano del yacimiento y el dibujo de los alzados de los muros, tal y como se veían en 1920, así como el breve estudio del mosaico de la habitación octogonal situada al sur de la gran sala que interpreta como iglesia.  

Aspecto del aula hacia el año 1900

A las inquietudes del párroco, se unirá P. Hurlé Manso, erudito gijonés, que en 1954 realizará una reconstrucción hipotética del citado mosaico también publicada en la prensa local.

Una segunda y larga etapa en las investigaciones abarca desde mediados de los años sesenta hasta principios de los ochenta. En 1964, M. Gómez Moreno, al publicar sus primicias del arte español, situó la iglesia de Veranes en el período visigodo afirmando su estrecha relación con la de Marialba (León). Poco tiempo después, en 1966, J. Manzanares publicó un estudio y una reconstrucción, muy discutida, del edificio que él interpretó como una basílica paleocristiana del siglo VII d.C.

Mas adelante, T. Hauschild, en un artículo sobre Marialba publicado en 1970, adjuntó la iglesia de Veranes al grupo portugués de Sintra y Falperra (Braga) que toman modelos de basílicas orientales del período tardo antiguo.

F. Diego Santos, en 1978, recogerá las opiniones anteriores, proponiendo una cronología similar a Marialba, es decir, entre los siglos V y VI d.C. y aceptando la existencia de una villa romana anterior.  La importancia de la fase romana de Veranes fue puesta de relieve por C. Fernández Ochoa en 1982. Esta autora atribuye al yacimiento una cronología entre fines del siglo I d.C. o inicios del II d.C.y el siglo IV d.C. sobre la base del análisis de los restos de las pinturas murales, los mosaicos y los materiales diseminados por el pórtico de la Abadía de Cenero, todos ellos fruto de la recogida incontrolada llevada a cabo entre los años cuarenta y cincuenta.

Y finalmente, en los años 80, comienza una tercera etapa dentro del Proyecto Gijón Excavaciones Arqueológicas creado en 1982. En esta ocasión, bajo la dirección de L. Olmo, se inician las primeras intervenciones arqueológicas netamente científicas que se desarrollaron entre 1983 y 1987. Por diversos motivos, a partir de esta última fecha se suspendieron los trabajos de campo. Pese a su interrupción, estas excavaciones ofrecieron datos renovadores sobre la interpretación y la cronología del yacimiento. Así, el yacimiento de Veranes quedó definido como una importante villa tardorromana, ocupada ya desde el Alto Imperio y con una dilatada prolongación durante el período medieval.